La Consejería de Cultura ha dado por finalizada la campaña de excavaciones del dolmen de Montelirio, enclavado en una finca de 16.000 metros cuadrados en Castilleja de Guzmán (Sevilla) y declarado Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que los corredores y cámaras del túmulo serán cubiertos por materiales geotextiles e inertes para su conservación a la espera del proyecto que debe convertir al monumento funerario en un activo patrimonial y didáctico.
En un comunicado, la Delegación provincial de la Consejería de Cultura informó de que tras dar por finalizada la intervención, a manos de los arqueólogos Álvaro Fernández, Vicente Aycart y José Luis Escacena, se procederá a la cobertura "provisional" de los elementos del túmulo con materiales geotextiles e inertes a la espera de los trabajos relacionados con el proyecto de puesta en valor. A tal efecto, se instalarán paneles informativos de carácter didáctico.
El informe preceptivo y las recomendaciones del equipo de arqueólogos será presentado públicamente, mientras se redactará el proyecto destinado a la rehabilitación y puesta en valor del túmulo, datado entre los años 2.700 y 2.900 antes de Cristo. Finalmente, las obras serán licitadas bajo la idea del "abierto por obras", porque las tareas de conservación habrán de permitir las visitas guiadas.
La nueva campaña de excavaciones, según informó en su momento a Europa Press Álvaro Fernández, ya había supuesto el descubrimiento de diez figuras "zoomorfas" que representan cerdos, una en forma de ave, seis objetos de marfil que representan bellotas y un peine también de marfil. Además, en el corredor del dolmen, los arqueólogos descubrieron 113 puntas de flecha, así como dos altares circulares que habrían estado decorados "de color rojo" y sobre los que han sido hallados los vestigios de "tres ofrendas", dado que encima de estos altares reposaban restos de ceniza y puntas de flecha.
ÚLTIMOS HALLAZGOS
Los últimos hallazgos, según informó nuevamente a Europa Press el arqueólogo director de los trabajos, son dos "peines de marfil" ornados con figuras zoomorfas semejantes a pequeños cerdos, unas "composiciones artísticas bastante complejas" que prueban la "riqueza de los ajuares" de la sociedad que construyó el túmulo. Además, los arqueólogos han rescatado de la tierra "un altar o estela con un motivo antropológico" aún por esclarecer, dado que la pieza está siendo sometida a un proceso de restauración.
El último de los grandes hallazgos, igualmente, ha sido la localización de huesos humanos correspondientes a cuatro nuevos cadáveres que se suman a los 15 ya descubiertos durante la campaña de 2007. A la espera de un profundo estudio de estos restos óseos, Fernández indicó que, al igual que los 15 cuerpos ya rescatados, los indicios apuntan a que se tratarían de mujeres de "entre 25 y 35 años" que habrían sido sepultadas en el monumento funerario como "séquito" del "gran personaje" enterrado en la cámara central, expoliada quizá en época romana.
09/02/10
Finalizada la excavación de Montelirio
INAH explora sitio en Puebla similar a Teotihuacán
Santo Nombre se extiende sobre una superficie de más de 51 hectáreas Un sitio arqueológico localizado en el norte de Tehuacán, que presenta ciertas similitudes arquitectónicas con la antigua Teotihuacán, es explorado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cual fue un punto importante entre las rutas prehispánicas de comunicación del Centro con el Golfo y la costa oaxaqueña.
Se trata del sitio arqueológico Santo Nombre, que se extiende sobre una superficie de más de 51 hectáreas donde están emplazadas diversas estructuras monumentales de estilo teotihuacano, la mayor de ellas de 22 metros de alto y una base de 100 por 50 metros.
Este lugar, que de acuerdo con la lista de nuevos sitios anunciados por la Presidencia de la República, abrirá al público como zona arqueológica antes de 2012.
"Contribuirá a llenar un vacío dentro del mapa de la arqueología mexicana, pues hasta el momento no se han investigado asentamientos en esta región, que es clave para entender la interacción que mantuvieron en la época prehispánica las áreas del Centro, Golfo y oaxaqueña", informó el doctor Blas Castellón, responsable del proyecto arqueológico.
Con un emplazamiento estratégico desde el que se vislumbran las cumbres del Popocatépetl, el Pico de Orizaba y La Malinche, Santo Nombre o `Teteles` (montículos), como se le conoce entre los pobladores del ejido Santo Nombre, del municipio poblano de Tlacotepec de Benito Juárez, fue ocupado con distintas intensidades del 400 a.C., al 600-700 d.C.
"Este sitio arqueológico posee una influencia teotihuacana muy clara, sin embargo, no es teotihuacano en sí mismo. Considero que este espacio se desarrolló a partir de una dinámica local, muy probablemente sus antiguos habitantes fueron los antecesores de los actuales grupos indígenas popolocas", dijo.
"Los edificios de Santo Nombre revelan una imitación de las formas que prevalecían en Teotihuacán; no hay que olvidar que ésta era la gran urbe del Altiplano Central en el periodo Clásico (200 y 600 d.C.) y su influencia fue muy importante en toda Mesoamérica.Es así como los pobladores de Santo Nombre decidieron crear su propio conjunto arquitectónico estilo teotihuacano, en medio de su zona de monumentos", explicó el arqueólogo del INAH.
"Hay conjuntos de tres templos, como es el caso de la llamada Plaza Gran Altar, que imitan lo teotihuacano. A lo largo de la Calle de los Muertos de Teotihuacan existen 23 conjuntos de este tipo, sin embargo, no son tan grandes como éste", explicó.
"La Plaza Gran Altar es una muestra de la influencia teotihuacana en la región sureste de Puebla, lo cual sugiere rutas de intercambio con otras regiones más lejanas, como la Costa del Golfo y Oaxaca", añadió.
Los `Teteles` se revela hasta ahora como un punto importante en las rutas de comunicación antiguas y como centro urbano de primer orden durante el Clásico mesoamericano`.
Los trabajos de la primera temporada de campo en Santo Nombre, los cuales se ampliaron durante seis meses y finalizaron en diciembre pasado, abarcaron labores topográficas, de limpieza en algunos montículos, y de exploración y consolidación en un par de construcciones: la Estructura Sur, de la Plaza Gran Altar, y un cuarto habitacional nombrado la Casa del Nahual.
La arqueóloga Ivonne Pérez, jefa de campo, detalló que las técnicas topográficas permitieron describir y delinear aproximadamente 10 hectáreas que abarcan la zona nuclear en la que se distribuyen 25 monumentos, una cancha de juego de pelota y cinco plazas, dos de ellas del tipo hundidas.
La mayor parte de las edificaciones se hallan orientadas al poniente, en dirección al Popocatépetl.
Justo una de las sorpresas de la temporada de campo la brindó la excavación parcial de la Estructura Sur, de 30 metros de frente y 7.0 metros de alto, que forma parte de la Plaza Gran Altar.
Además de su técnica arquitectónica de talud-tablero, característica de Teotihuacan, se ubicaron materiales que indican que antes de ser desocupado, quizá en el Clásico Tardío (600 d.C.), este edificio fue `matado` mediante una compleja ceremonia.
"Considerables cantidades de carbón señalan que para clausurar esta construcción se llevó a cabo una gran ofrenda que implicó la incineración de maíz, frijol, calabaza, chile y otros alimentos, junto con cuentas de collar, vasijas, incensarios, sahumadores, conchas y caracoles marinos. Todo lo cual fue arrojado sobre la fachada", explicó.
"Se trata de una ofrenda al edificio, el que seguramente es una representación de la montaña sagrada, del cerro de los mantenimientos en el que se encuentran los alimentos y las deidades de la agricultura", detalló Ivonne Pérez.
Asimismo, las piedras labradas del edificio, en el que posiblemente residía una clase sacerdotal, fueron desmontadas y colocadas como relleno, para luego ser sellado con rocas y barro.
Una segunda temporada de campo en Santo Nombre, uno de los Proyectos Especiales del INAH, conllevará la exploración y consolidación de la Estructura Oriente (de 50 metros de frente por 12 de altura), el más grande de la Plaza Gran Altar.
Castellón concluyó que la intención es poner en valor las construcciones prehispánicas que circundan esta plaza hundida, que abarca alrededor de 200 metros cuadrados, antes de 2012 para la apertura pública de Santo Nombre, así como otras estructuras.
Se trata del sitio arqueológico Santo Nombre, que se extiende sobre una superficie de más de 51 hectáreas donde están emplazadas diversas estructuras monumentales de estilo teotihuacano, la mayor de ellas de 22 metros de alto y una base de 100 por 50 metros.
Este lugar, que de acuerdo con la lista de nuevos sitios anunciados por la Presidencia de la República, abrirá al público como zona arqueológica antes de 2012.
"Contribuirá a llenar un vacío dentro del mapa de la arqueología mexicana, pues hasta el momento no se han investigado asentamientos en esta región, que es clave para entender la interacción que mantuvieron en la época prehispánica las áreas del Centro, Golfo y oaxaqueña", informó el doctor Blas Castellón, responsable del proyecto arqueológico.
Con un emplazamiento estratégico desde el que se vislumbran las cumbres del Popocatépetl, el Pico de Orizaba y La Malinche, Santo Nombre o `Teteles` (montículos), como se le conoce entre los pobladores del ejido Santo Nombre, del municipio poblano de Tlacotepec de Benito Juárez, fue ocupado con distintas intensidades del 400 a.C., al 600-700 d.C.
"Este sitio arqueológico posee una influencia teotihuacana muy clara, sin embargo, no es teotihuacano en sí mismo. Considero que este espacio se desarrolló a partir de una dinámica local, muy probablemente sus antiguos habitantes fueron los antecesores de los actuales grupos indígenas popolocas", dijo.
"Los edificios de Santo Nombre revelan una imitación de las formas que prevalecían en Teotihuacán; no hay que olvidar que ésta era la gran urbe del Altiplano Central en el periodo Clásico (200 y 600 d.C.) y su influencia fue muy importante en toda Mesoamérica.Es así como los pobladores de Santo Nombre decidieron crear su propio conjunto arquitectónico estilo teotihuacano, en medio de su zona de monumentos", explicó el arqueólogo del INAH.
"Hay conjuntos de tres templos, como es el caso de la llamada Plaza Gran Altar, que imitan lo teotihuacano. A lo largo de la Calle de los Muertos de Teotihuacan existen 23 conjuntos de este tipo, sin embargo, no son tan grandes como éste", explicó.
"La Plaza Gran Altar es una muestra de la influencia teotihuacana en la región sureste de Puebla, lo cual sugiere rutas de intercambio con otras regiones más lejanas, como la Costa del Golfo y Oaxaca", añadió.
Los `Teteles` se revela hasta ahora como un punto importante en las rutas de comunicación antiguas y como centro urbano de primer orden durante el Clásico mesoamericano`.
Los trabajos de la primera temporada de campo en Santo Nombre, los cuales se ampliaron durante seis meses y finalizaron en diciembre pasado, abarcaron labores topográficas, de limpieza en algunos montículos, y de exploración y consolidación en un par de construcciones: la Estructura Sur, de la Plaza Gran Altar, y un cuarto habitacional nombrado la Casa del Nahual.
La arqueóloga Ivonne Pérez, jefa de campo, detalló que las técnicas topográficas permitieron describir y delinear aproximadamente 10 hectáreas que abarcan la zona nuclear en la que se distribuyen 25 monumentos, una cancha de juego de pelota y cinco plazas, dos de ellas del tipo hundidas.
La mayor parte de las edificaciones se hallan orientadas al poniente, en dirección al Popocatépetl.
Justo una de las sorpresas de la temporada de campo la brindó la excavación parcial de la Estructura Sur, de 30 metros de frente y 7.0 metros de alto, que forma parte de la Plaza Gran Altar.
Además de su técnica arquitectónica de talud-tablero, característica de Teotihuacan, se ubicaron materiales que indican que antes de ser desocupado, quizá en el Clásico Tardío (600 d.C.), este edificio fue `matado` mediante una compleja ceremonia.
"Considerables cantidades de carbón señalan que para clausurar esta construcción se llevó a cabo una gran ofrenda que implicó la incineración de maíz, frijol, calabaza, chile y otros alimentos, junto con cuentas de collar, vasijas, incensarios, sahumadores, conchas y caracoles marinos. Todo lo cual fue arrojado sobre la fachada", explicó.
"Se trata de una ofrenda al edificio, el que seguramente es una representación de la montaña sagrada, del cerro de los mantenimientos en el que se encuentran los alimentos y las deidades de la agricultura", detalló Ivonne Pérez.
Asimismo, las piedras labradas del edificio, en el que posiblemente residía una clase sacerdotal, fueron desmontadas y colocadas como relleno, para luego ser sellado con rocas y barro.
Una segunda temporada de campo en Santo Nombre, uno de los Proyectos Especiales del INAH, conllevará la exploración y consolidación de la Estructura Oriente (de 50 metros de frente por 12 de altura), el más grande de la Plaza Gran Altar.
Castellón concluyó que la intención es poner en valor las construcciones prehispánicas que circundan esta plaza hundida, que abarca alrededor de 200 metros cuadrados, antes de 2012 para la apertura pública de Santo Nombre, así como otras estructuras.
08/02/10
Investigadores de la UC delimitan el perímetro urbano de Julióbriga
En primer plano, el foro romano, en parte baja la iglesia románica del siglo XII de Santa María de Retortillo; al fondo, zona arqueológica de La Llanuca. :: DMLos sondeos realizados en las últimas campañas en las que se trabajó en el sector de la Llanuca del yacimiento arqueológico de Julióbriga (Campoo de Enmedio) apuntan a que la zona edificada en época romana no se extendía por la ladera norte del cerro de Retortillo; por el contrario, sí lo hacía por la ladera sur, en una zona aterrazada en la que se estima puede haber restos atribuibles a una línea de inmuebles paralela a la calle porticada de época antigua, aunque para ello será necesario realizar los oportunos sondeos de comprobación.
La realización de varios sondeos a través de prospección geomagnética en el límite norte de La Llanuca, ha permitido a los científicos de la Universidad de Cantabria (UC) establecer su correspondencia con un vertedero en el que se desecharon restos orgánicos y de ajuar doméstico. En función del análisis de los fragmentos de cerámica encontrados, este vertedero estuvo en uso en época flavia (segunda mitad del siglo I después de Cristo) y en los inicios del siglo II, coincidiendo con la etapa de mayor auge de Iuliobriga, tras su promoción al rango de municipio, lo que la convirtió en uno de los principales núcleos de población del norte de la Península Ibérica. Si se tiene en cuenta que esta etapa probablemente coincidió con la de máxima extensión del tejido urbano y que los vertederos solían ubicarse en las afueras de los lugares de hábitat o en zonas despobladas, los investigadores de la UC disponen a partir de ahora de un interesante elemento de referencia sobre lo que pudo ser uno de los límites de la ciudad romana.
A estas conclusiones ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria liderado por el catedrático de Historia Antigua, José Manuel Iglesias Gil, director de las excavaciones en la ciudad de Julióbriga desde 1980. Los resultados se han publicado en una de las revistas científicas con más prestigio a nivel nacional e internacional, Madrider Mitteilungen, editada por el Instituto Arqueológico Alemán en Madrid.
Técnicas modernas
Julióbriga, al extenderse en su mayor parte bajo terrenos que en la actualidad se corresponden con pastizal, ofrece excelentes posibilidades para ser explorado con técnicas de prospección geofísicas. Los resultados de este tipo de trabajos de campo han demostrado ser de gran utilidad de cara a la orientación de futuras excavaciones arqueológicas. Uno de los clásicos interrogantes que ha planteado Iuliobriga es la determinación de su perímetro urbano, pues se trata de una ciudad abierta, que careció de murallas. La prospección del terreno es la herramienta idónea para progresar en este sentido sin tener que excavar amplias superficies.
Sobre la importancia de este trabajo, en el que también han participado especialistas de la Universidad de Frankfort, José Manuel Iglesias, director de las excavaciones -paralizadas en los últimos años, no así los trabajos de gabinete y la publicación de los resultados en foros científicos-, destaca que «ahora podemos conocer mejor el proceso de urbanización en la loma de Retortillo y las claves de la implantación de los romanos tras las Guerras Cántabras en el territorio julibriguense. El núcleo urbano, sin duda modesto en comparación con otras ciudades de Hispania, tuvo entorno a 30 hectáreas donde se ha identificado tanto edificaciones de carácter público como residenciales».
La realización de varios sondeos a través de prospección geomagnética en el límite norte de La Llanuca, ha permitido a los científicos de la Universidad de Cantabria (UC) establecer su correspondencia con un vertedero en el que se desecharon restos orgánicos y de ajuar doméstico. En función del análisis de los fragmentos de cerámica encontrados, este vertedero estuvo en uso en época flavia (segunda mitad del siglo I después de Cristo) y en los inicios del siglo II, coincidiendo con la etapa de mayor auge de Iuliobriga, tras su promoción al rango de municipio, lo que la convirtió en uno de los principales núcleos de población del norte de la Península Ibérica. Si se tiene en cuenta que esta etapa probablemente coincidió con la de máxima extensión del tejido urbano y que los vertederos solían ubicarse en las afueras de los lugares de hábitat o en zonas despobladas, los investigadores de la UC disponen a partir de ahora de un interesante elemento de referencia sobre lo que pudo ser uno de los límites de la ciudad romana.
A estas conclusiones ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria liderado por el catedrático de Historia Antigua, José Manuel Iglesias Gil, director de las excavaciones en la ciudad de Julióbriga desde 1980. Los resultados se han publicado en una de las revistas científicas con más prestigio a nivel nacional e internacional, Madrider Mitteilungen, editada por el Instituto Arqueológico Alemán en Madrid.
Técnicas modernas
Julióbriga, al extenderse en su mayor parte bajo terrenos que en la actualidad se corresponden con pastizal, ofrece excelentes posibilidades para ser explorado con técnicas de prospección geofísicas. Los resultados de este tipo de trabajos de campo han demostrado ser de gran utilidad de cara a la orientación de futuras excavaciones arqueológicas. Uno de los clásicos interrogantes que ha planteado Iuliobriga es la determinación de su perímetro urbano, pues se trata de una ciudad abierta, que careció de murallas. La prospección del terreno es la herramienta idónea para progresar en este sentido sin tener que excavar amplias superficies.
Sobre la importancia de este trabajo, en el que también han participado especialistas de la Universidad de Frankfort, José Manuel Iglesias, director de las excavaciones -paralizadas en los últimos años, no así los trabajos de gabinete y la publicación de los resultados en foros científicos-, destaca que «ahora podemos conocer mejor el proceso de urbanización en la loma de Retortillo y las claves de la implantación de los romanos tras las Guerras Cántabras en el territorio julibriguense. El núcleo urbano, sin duda modesto en comparación con otras ciudades de Hispania, tuvo entorno a 30 hectáreas donde se ha identificado tanto edificaciones de carácter público como residenciales».
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Etiquetas: Hispania
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