19/7/08

Tras las huellas de los romanos

Allá por el siglo I antes de Cristo, los romanos encontraron en el País Vasco, y en Gipuzkoa en particular, un lugar idóneo para llevar a cabo sus actividades agrícolas, comerciales y mineras. Estuvieron presentes en estas tierras durante cinco siglos, y los últimos hallazgos vienen a demostrar que Gipuzkoa fue un territorio importante para el imperio romano. Una de las pruebas más evidentes de ello son las minas de Arditurri, pero también lo corroboran diversos puntos importantes de la comarca del Bidasoa, donde se ubicó la ciudad romana de Oiasso, que fue puerto de salida para el mineral que provenía precisamente de las minas de Arditurri.
Estas minas se encuentran dentro del Parque Natural de Aiako Harria, en el término municipal de lo que hoy es Oiartzun. Fueron inauguradas el pasado mes de junio después de acondicionarlas para que sean accesibles al público. En la visita encontramos importantes restos de la época romana que no dejan lugar a la duda: los restos más antiguos allí encontrados certifican que la mina fue explotada por los romanos, que muy probablemente fueron además sus descubridores. Posteriormente, las minas fueron explotadas por múltiples generaciones desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. Hasta que en 1984 finalizó su actividad y fueron cerradas.
Una vez dentro de las galerías restauradas, somos testigos de cómo las galerías han ido cambiando con el tiempo, debido a las diferentes explotaciones que ha habido allí durante casi 2.000 años. La explotación romana fue el momento álgido de las minas de Arditurri. Los romanos estaban interesados en la extracción del mineral galena argentífera (plata) y, tras descubrir una gran veta junto a Peña de Aia, empezaron a horadar quince kilómetros de galerías. En aquella época inicial de la actividad, las minas estaban compuestas por 42 galerías y 82 pozos, según dejaron escrito los historiadores de principios del siglo XIX. La explotación posterior fue alterando la disposición romana de las galerías, hasta el punto de que hoy sólo se conservan nueve de ellas.
Para hacernos una idea de la manipulación que las minas han sufrido durante el paso de los años, sólo hay que fijarse en el monte que se encuentra en los alrededores de la mina. No es un monte cualquiera, natural, ya que se ha ido formando a lo largo del tiempo mediante los escombros que los mineros sacaban de la mina y depositaban fuera. Sin embargo, a pesar de las modificaciones que las minas han sufrido en su historia, hay muchas cosas que se encuentran tal y como las dejaron sus primeros explotadores. Un ejemplo son los drenajes de agua que montaron los romanos y que aún funcionan. Gracias a ellos, las dos primeras galerías siguen sin estar inundadas y es posible descender hasta dos alturas por debajo del suelo.
Arqueólogos en acción
En la visita a la mina podemos observar antiguos restos romanos como los cargadores de material, pozos y vetas de minerales. La tecnología permite que mediante ruidos y luces se pueda recrear la actividad de la mina, como el ruido de las rocas al desprenderse o el traqueteo de las vagonetas.
En un principio se abrió una galería de 180 metros, pero desde este mes también se puede visitar la segunda fase de la investigación que los arqueólogos realizan en 400 metros más de galerías. Durante la visita se puede obervar de cerca el trabajo de campo de los arqueólogos de Arkeolan.
En la visita estándar a las minas es obligatorio llevar casco para evitar accidentes, y en la visita arqueológica, en la que se desciende a galerías inferiores, también son obligatorias botas de monte.
Para completar la información, también está a disposición del visitante el centro de interpretación de Arditurri. El edificio está ubicado al lado de las minas y sirve para introducirse en la historia del Parque Natural de Aiako Harria. En la planta superior del centro hay paneles didácticos, y en la segunda planta se informa sobre la historia de las minas.
Eder y Aitziber, una pareja irundarra, comentaba al abandonar la mina que se imaginaban un lugar mucho más estrecho y largo. No es de extrañar, ya que a pesar de que hoy las minas están acondicionadas, en la época romana eran verdaderamente claustrofóbicas, con un metro de ancho y menos de dos metros de alto. Todo aquel que visite las minas de Arditurri podrá conocer un mundo diferente y hacerse una idea de la dureza que ha compañado siempre al trabajo en la mina. Si ha sido así durante siglos, imaginen cómo sería hace 2.000 años, cuando los mineros picaban tumbados en estrechas galerías iluminados por la llama de un candil. Las entrañas de Arditurri nos ayudan a intuirlo.
mg
http://www.diariovasco.com/20080717/gente/tras-huellas-romanos-20080717.html

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