lunes 18 de agosto de 2008

Villasabariego reclama que se reconozca la importancia del castro de Valle

El municipio de Villasabariego es un caja de sorpresas. Además de ser el territorio elegido por los astures para levantar su ciudad más importante, Lancia, que logró la declaración de Bien de Interés Cultural en 1994, en sus casi cien kilómetros cuadrados se pueden rastrear otros asentamientos, como el de Villafañe o el castro de la localidad de Valle de Mansilla.
En esa explanada, que corona un pequeño cerro que abraza el pueblo, los lugareños creen que existió un asentamiento de grandes dimensiones por la cantidad de restos que han ido apareciendo en las últimas décadas y que han atraido a curiosos y expoliadores.
En el lugar se han encontrado cerámicas celtibéricas, huesos trabajados, instrumentos de cocina, monedas de tipo ibérico, fíbulas, cinturones, columnas, lápidas, camastros y hasta restos de estatuas de piedra. La mayoría de ellos han ido a parar a manos de coleccionistas, fuera de la provincia, como una curiosa cabeza de piedra caliza, de tamaño pequeño, que podría representar a un niño. Su pronunciado corte de pelo, resaltado en la piedra como una diadema horizontal por encima de las orejas, se asemeja a los cortes que reflejaban los grados de los monjes.
De ahí que el alcalde, Jesús García, reivindique que se reconozca la importancia de ese asentamiento y se catalogue y proteja. El regidor recuerda que incluso el nombre del pueblo deriva de las antiguas construcciones de castros de astures y romanos en el altiplano, conocido como La Senada. A su juicio, «el patrimonio es un bien que debemos proteger y poner en valor. Por eso pedimos a la Junta y al Instituto Leonés de Cultura que se fijen en los otros asentamientos que posee el municipio, además de ampliar la excavación de Lancia».
El alcalde considera que Villasabariego posee «suficiente material» como para abrir un museo y recordar la presencia de los astures y los romanos durante siete siglos.
Respecto al castro de Valle de Mansilla, la situación de su posible ciudad era privilegiada, pues dominaba visualmente la ribera del Esla y los caminos a San Miguel de Escalada, Mansilla, Villacontilde y Palazuelo. Hace años, ese terreno se cultivaba, pero, en la actualidad, está baldío. En las inmediaciones, además, se construyeron unas cuevas prehistóricas que podrían pertenecer, según los estudios realizados por Julián Sáez, al periodo cacolítico. Fueron oradadas en la roca de arcilla y sirvieron de habitáculos a los eremitas en la Alta Edad Media. Incluso pudieron ser ocupadas por algunos de los monjes benedictinos expulsados del cenobio de San Miguel de Escalada, cuando tomaron posesión del monasterio los Canónigos Regulares.
Las cuevas se convirtieron también en un fuerte defensivo en las luchas que sostuvieron los mozárabes para expulsar a los moros de las tierras leonesas en tiempos de la Reconquista. De ahí el nombre popularizado de Cuevas de los Moros.

Diario de León

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