Los talayots de Mallorca y Menorca son construcciones ciclópeas únicas en la prehistoria del mundo y que han dado nombre a la cultura autóctona que se desarrolló en las islas entre los años 1.000 y 700 A.C. El misterio de la cultura talayótica ha fascinado desde siempre y ha propiciado hipótesis de todo tipo sobre el motivo de su construcción y su funcionalidad. Javier Aramburu-Zabala (Santander, 1961), doctor en Arqueología, es uno de los científicos que más conoce esta cultura prehistórica que floreció en Mallorca y Menorca.
El arqueólogo lleva años estudiando los talayots desde la perspe ctiva de su distribución en el espacio. Según explica, no hay una única tipología de talayots, aunque depende de su ubicación que tuvieran una función como templos para ceremonias religiosas, como recintos para encuentros sociales o como estructuras para marcar límites territoriales entre grupos. Sus investigaciones desbancan la extendida creencia de que fueron construidos por la cultura talayótica como torres de defensa o como viviendas.
“Su construcción está relacionada con el exceso de población que en un periodo de entre 100 y 150 años experimentó la sociedad autóctona”, comenta. Entre Mallorca y Menorca hay catalogados un millar de talayots, dispuestos en el territorio para prácticas rituales, como punto de ceremonias sociales o para marcar los límites de cada poblado. Según las reflexiones que ofreció el viernes en el Cercle Artístic, invitado por la Societat Històrico-Arqueològica Martí i Bella, la talayótica “fue una cultura ganadera, que criaba vacas, ovejas, cabras y cerdos, entre otros animales domésticos. Este tipo de economía ofrecía a los talayóticos mucho tiempo libre. Se han encontrado esqueletos que demuestran que por su alimentación –carne, leche y algún cereal– eran personas robustas y altas, más fuertes que otros grupos que vivían de la agricultura. De sus creencias apenas se sabe. La media de edad rondaba entre los 40 y los 45 años”.
Aramburu-Zabala es de la opinión que la cultura talayótica se encontraba aislada y tenía poco contacto con el exterior. Éste es su principal argumento para explicar la singularidad de la cultura ciclópea autóctona que se desarrolló. Incluso afirma que existía poco contacto entre Mallorca y Menorca, “lo que explica que en esta Isla se construyeran las taulas, unos monumentos únicos en el mundo”. Su hipótesis es que “se utilizaron para colocar los cadáveres, sólo durante el periodo de duelo, para descarnar”.
Según el doctor en Arqueología, se trataba de una sociedad muy poco jerarquizada, aunque en proceso de jerarquización. Calcula que en Mallorca había un censo de unos 40.000 individuos, mientras que en Menorca la cifra rondaba entre los 10.000 y los 15.000 habitantes.
“La sobrepoblación creó conflictos por el dominio del territorio. No es que hubiera grandes guerras, pero se encontraban en situación de pequeñas luchas continuas. Las construcciones de piedra sirvieron para marcar el territorio de cada grupo”, indica. Con esta idea argumenta que existan muchos talayots entre poblamientos prehistóricos.
El estudio de esta cultura maravilla a este investigador. “Descubrir que un talayot mira a otros monumentos te pone la piel de gallina, porque la comunicación o la relación por la que se construyeron vuelve a cobrar sentido miles de años después”, señala. El arqueólogo incide en los enigmas que siguen existiendo sobre cuándo y de dónde vinieron los primeros pobladores, sobre quiénes construyeron los talayots o sobre el misterio de las ciudades perdidas o olvidadas en la historia. Interrogantes que aborda en su libro “Los enigmas de la arqueología balear”.
domingo 5 de octubre de 2008
El enigma de la cultura talayótica
Diario Menorca
Publicado por Unhidalgo
Etiquetas: Baleares, Prehistoria
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