30/10/09

Piezas arqueológicas del Uruapan prehispánico, en el olvido oficial

Piezas prehispánicas que se exhiben en la Casa de la Cultura de Uruapan / ft: Martín Equihua
En Uruapan hay vestigios de más de mil años de historia. El tramo prehispánico, sin embargo, permanece en silencio y sus testimonios, dispersos, perdidos, "embalados en una bodega", ignorados, merced al desinterés crónico de autoridades y comunidad, al grado que no se cuenta con inventario confiable, como de ningún registro explicativo y no se diga una investigación arqueológica sustentada. Incluso, las piezas exhibidas en Casa de la Cultura, donadas por un particular, en su mayoría corresponden a otras regiones geográficas y, en contraste, las localizadas en una tumba a mitad del siglo pasado en el centro de la ciudad, descansan en una bodega del Museo Nacional de Antropología e Historia.
El historiador Oziel Ulises Talavera Ibarra, en su libro Historia del pueblo de indios de San Francisco Uruapan, apunta que la historia de este pueblo sigue incompleta, pero que hay registro de organización social prehispánica importante, anterior a la expansión del imperio purépecha. La enciclopedia virtual Wikipedia señala que el asentamiento se localizaba en el actual barrio La Magdalena. Y hasta donde se desprende de La Relación de Michoacán (RM), el viejo Urapanhi sirvió de refugio al último cazonzi, Tangaxuan II.
El desinterés y olvido gubernamental y ciudadano se sintetizan involuntariamente en las dificultades de la directora de Casa de la Cultura, Lucía Jaimes Puertos, para localizar el inventario de piezas exhibidas, teniendo que hurgar de escritorio en escritorio, cajón en cajón, no sin repetir en entrevista que hay interés del gobierno en turno para que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) atienda el "embalaje y resguardo" del conjunto arqueológico mientras se remodela el edificio.
El INAH, por su cuenta, en voz del arqueólogo Roberto González Zúñiga, asegura que hay muchos sitios arqueológicos localizados en la región, pero que no hay ni ha habido interés suficiente de autoridades municipales para encabezar gestiones, ni proyecto de investigación de por medio ni personal suficiente, ya que el instituto sólo cuenta con tres arqueólogos en la entidad.
En sala de escasa visita se exhiben los vestigios donados 30 años atrás por el galeno Juan Sepúlveda, pero sin explicación del eslabón que representan en la cadena de la historia. Mientras que para Oziel Talavera se trata de testimonios del intercambio comercial prehispánico, hipótesis subrayada por una pieza "que se identifica con la cultura chavín que se desarrolló en los Andes entre el 1200 y 200 a.C.", además de un jarrón de influencia teotihuacana y otros artefactos atribuidos a culturas de Occidente; otros señalan que el donante de la colección integró las piezas como regalo o pago a sus servicios médicos, sin clasificación arqueológica, porque no era su campo.
Ese lote apenas se registra en recuento administrativo que no es posible verificar, pues muy pocas unidades tienen control numérico. La muestra incluye desde fragmentos de "molar de mamut petrificado", hasta collares de conchas marinas, caracoles, piedra o hueso; cuchillos, hachas, puntas de lanza de obsidiana, máscaras de piedra o barro, cascabeles metálicos, pipas, molcajetes, pulseras de hueso, jarrones, vasijas, platos, entre otros que pertenecen a distintas culturas y tiempos, independientemente de la ruta y causas de su llegada.
Para el INAH, "la mayoría son piezas de Tierra Caliente", asegura en sintonía con la opinión del escultor y arquitecto Arturo Macías, quien en entrevista dice haber sido el descubridor de la "tumba múltiple" encontrada en 1958 en el centro de la ciudad, de la que desenterraron diversos objetos que fueron llevados al Museo Nacional de Antropología e Historia. Al respecto, el INAH y el propio Macías confirman que las piezas localizadas en ese sitio se encuentran "en bodegas del museo".
Hay además un par de piezas grandes que por tradición oral se dice corresponden al periodo prehispánico. Las autoridades de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) –que administra La Huatápera–, INAH y Ayuntamiento lo desconocen. Ni confirman ni lo niegan, a pesar de que "siempre han estado ahí". Se trata de una piedra redonda, sin inscripciones, localizada en el atrio de La Huatápera, y de otra colocada en la pared poniente del templo La Inmaculada, en la que se advierte un lenguaje calendárico. "Qué bueno que lo señalan, para ir a verlas en la próxima visita", dice el arqueólogo del INAH en entrevista con La Jornada Michoacán.
Una tumba múltiple
"Yo descubrí la tumba prehispánica en el centro de la ciudad en 1958. Un peón estaba haciendo excavación para cimientos cuando cayó a mis pies un bezote de obsidiana y oro, con un mosaico interior de turquesa… le pedí que parara y di parte a las autoridades", posteriormente llegaron arqueólogos y una vez concluida la excavación y el registro de piezas, se las llevaron al Museo Nacional de Historia, donde "hoy permanecen en bodegas", asegura el arquitecto y escultor Arturo Macías.
Recuerda que en esa tumba, encontrada por la remodelación del Portal Matamoros, también se localizaron "una pulsera de seis o siete ranitas de oro, única pieza exhibida en el Museo Nacional; agujas y una pieza en filigrana de cobre, con tres patas y más de dos conjuntos de restos óseos, una tumba múltiple… (pero) las autoridades no se interesaron en todo eso porque tenían otras cosas más importantes que atender, así ha sido". El propio Macías dedicaría años de su vida a colectar piezas: "yo doné mi colección de más de 300 objetos prehispánicos al gobierno del estado, en manos de Cuauhtémoc Cárdenas. Alguien me preguntó por qué no las dejaba aquí, y les dije que no había seguridad".
El investigador universitario Enoc Pedraza, que ha indagado en crónicas periodísticas y con testigos de la excavación, asegura que se trató de "la tumba de un alto dignatario que prueba la importancia prehispánica de Uruapan como centro ceremonial y de comercio", y que en años siguientes encontraron nuevos vestigios en calle Obregón, a partir del punto donde se localizó la tumba, hacia el oriente. La ofrenda tenía además: "un pectoral tallado en cristal de roca con incrustaciones de zafiros, un símbolo cordón de oro macizo con pedrería, un collar con ranitas de oro, una vasija de filigrana de cobre de tres patas, en forma de cascabeles, anillos y collares de cobre, agujas de cobre guardadas en telas, orejeras de jade, collares de concha, cera policromada… y los huesos del dignatario y su esposa". Dice el nicolaita que un dictamen de hace medio siglo fechó la tumba hacia 1400 d.C.
Para el escritor Carmelo López es necesario que se emprenda un trabajo de investigación serio, "hacer que las piedras hablen", pues referencias de aquel Uruapan se encuentran en la RM y es "muy probable que el templo de San Francisco y La Huatápera se hayan levantado sobre centros ceremoniales y de poder, en torno a los que giraba la vida social y cultural del asentamiento prehispánico", dice el autor de las novelas históricas El día que murió un imperio y El alba de dos imperios –que requieren un empujón más sostenido de la Secretaría de Cultura.
El INAH, con sus limitaciones estructurales, asegura que trabajará por una museografía "más didáctica, de nueva apariencia" de las piezas exhibidas, y que en las condiciones actuales "no tiene sentido aceptar más piezas de la familia Sepúlveda".
En suma, bien vendría en primer término que la autoridad competente corrobore que el lote de piezas esté completo, y que autoridad y grupos ciudadanos gestionen una investigación consistente que redunde en explicación arqueológica, antropológica, histórica; además, que se promueva la recuperación material hasta donde sea posible de las piezas embodegadas, o en su defecto réplicas que iluminen ese largo periodo.

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1 Comentario:

Anónimo :

En el pequeño museo de Uruapan hay piezas finas muy buenas. Pero lo que es nuevo o falso deberían quitarlo, mejor menos pero todo verdadero.

Gracias

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