30/11/09

Buscan en Barrika restos de actividad en el Paleolítico

Aunque muchos lo desconozcan, la franja costera de Sopelana y Barrika posee un alto valor arqueológico. De hecho, el yacimiento conocido como Kurtzia, que cuenta con una protección parcial, comprende un amplio territorio que se extiende desde Punta Galea hasta Plentzia. Las primeras actuaciones en la comarca se remontan a los años 50, cuando Barandiarán sondeó el terreno junto a Mario Grande y Antonio Aguirre. Los resultados de las catas ofrecieron distintos niveles estratigráficos que abarcaban varios periodos, desde el Paleolítico Medio -a partir del 125.000 antes de Cristo- hasta la Edad de los Metales (4.000 a. C.), y se encontraron raederas y puntas musterienses, láminas y raspadores, además de otros utensilios.
La presencia del hombre en Uribe Kosta se ha detectado hace aproximadamente 40.000 años, ya casi en el Paleolítico Superior. En los años noventa se hicieron otras prospecciones en Kurtzia y ante la presencia de sílex -rocas pequeñas erosionadas por el mar utilizadas para fabricar herramientas- concluyeron que la colina se había convertido en un taller o una industria al aire libre que también surtía a asentamientos cercanos. Sin embargo, no hallaron restos de cabañas.
Los materiales que se recogieron -núcleos, restos de talla- no han sido objeto de un estudio detallado y ahora un equipo de expertos trata de poner en valor el yacimiento de Zabaletxe, en Barrika, junto a la playa de Meñakoz. Las labores de prospección geofísica se han desarrollado de la mano del arqueólogo Mikel Aguirre, el profesor de la Universidad Politécnica de Valencia Francisco García y la profesora de la UPV Arantza Aranburu. Según Aguirre, el entorno de Meñakoz es un yacimiento arenoso de gran valor. «Estas arenas son acumulaciones pleistocénicas con depósitos de una antigüedad que podrían remontarse a los 100.000 años. Por su antigüedad pueden dar información importante sobre el clima, la temperatura y la vegetación», explica.
Estructuras de cabañas
El experto añade que «estas arenas son susceptibles de albergar material arqueológico y restos de la actividad humana a 10 metros de profundidad, aproximadamente desde el año 3.000 antes de Cristo hasta el primer milenio de nuestra era». Pero la aspiración del equipo es encontrar cabañas y otras herramientas, que ofrecerían una información muy valiosa acerca de cómo se vivía en el Paleolítico.
«Estamos valorando el terreno para comprobar su potencialidad. Para ello hemos utilizado un radar electromagnético que nos aporta información en tres dimensiones. Mediante este aparato podemos ver si hay rastros de estructuras, de fuegos o postes de construcción». Los trabajos de excavación se han desarrollado durante todo el mes de noviembre, aunque el proyecto tendrá una duración de tres años. «Es un reto muy interesante, multidisciplinar, tanto arqueológico como paleontológico», concluye.

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