11/11/09

Canarias en la Antigüedad como problema histórico (II)

3.- Evaluación de las vías de investigación

3.1. El contexto histórico general

Los abundantísimos estudios y trabajos sobre materiales literarios, epigráficos y arqueológicos realizados en los últimos cien años en el Marruecos atlántico permiten asegurar que la ocupación de ese espacio en cualquiera de sus formas (políticas, sociales, económicas) estuvo limitada a la franja que se extiende desde Tánger hasta Sala. Sólo dentro de esos límites se documentan asentamientos, ciudades y necrópolis, y dentro de ellos se establecieron las relaciones sociales y desarrollaron la mayor parte de las actividades económicas de los pueblos mediterráneos colonizadores. Ninguna inscripción fenicia, púnica, neopúnica o latina ha aparecido tampoco (si se exceptúa el caso de Mogador) al sur de la posición de Sala (limes de la Mauretania Tingitana). El paralelo 34 fue, sin lugar a dudas, la frontera natural y estratégica de fenicios, púnicos y romanos a lo largo de toda la historia de su presencia o dominio en la región.
Los materiales antiguos descubiertos al sur de esa posición son tan extremadamente escasos y dispersos que proporcionan una confirmación independiente de los límites de la ocupación territorial de los pueblos mediterráneos en el África atlántica. Se constata, no obstante, una notable excepción, Mogador (Essaouira). Las prospecciones y trabajos arqueológicos llevados a cabo en el islote (situado al norte del paralelo 31) documentaron dos fases de ocupación bien definidas, extendiéndose la más antigua (fenicia) entre la primera mitad del siglo VII a. e. y mediados de la centuria siguiente y la más reciente (romana) desde el reinado de Augusto hasta mediados del siglo IV d. e. Durante la fase más antigua, Mogador sirvió como factoría estacional para empresas comerciales de la Gades fenicia; durante la más reciente, fue también enclave para actividades económicas de naturaleza comercial (que no tenían nada que ver con la púrpura, ni con industrias pesqueras de ningún tipo). Se trata, en cualquier caso, del único centro ultraperiférico antiguo establecido por la autoridad de las fuentes que se reconoce en la fachada atlántica africana al sur del limes romano.

3.2. Las fuentes de conocimiento

Ya se ha visto cómo los padres de la historiografía canaria se apoyaban en la tradición literaria grecolatina para defender un pasado clásico para las islas. Por eso no me parece inútil aclarar aquí que un buen número de textos utilizados por tales intelectuales no tiene ningún valor histórico para el problema aquí tratado. Me refiero concretamente a todas aquellas referencias de la literatura arcaica y clásica griegas a los Campos Elisios e Islas de los Bienaventurados, así como las relativas a los ciclos míticos relacionados con el Extremo Occidente (como el de Heracles y las Hespérides o Perseo y las Gorgonas). Son todas ellas recreaciones de paisajes y escenarios de la vida y acciones de dioses y héroes que sólo tenían existencia en el imaginario colectivo de los griegos (y romanos). Se trata, en definitiva, de ambientes ideales que pertenecen exclusivamente al dominio de la geografía mítica.
También los viejos historiadores canarios citaban ocasionalmente como fuentes para probar sus tesis ciertos periplos antiguos, igualmente presentes y con la misma intención en trabajos recientes, que suponían relatos fieles de auténticas exploraciones por la costa atlántica africana. Pero la naturaleza de estos textos es bien distinta de la supuesta. Es cierto que en la Antigüedad existieron textos náuticos de carácter exclusivamente práctico que servían como guía de viaje para los marinos en sus navegaciones, en las que lo fundamental era el registro de todos aquellos datos que pudieran ser útiles para tal fin (accidentes geográficos costeros, medidas de distancia, etc.) Se trataría de cartas o manuales de instrucción náutica o periplos sensu stricto. Ahora bien, de estas obras no ha quedado ningún testimonio directo, y su naturaleza ha de ser deducida de textos literarios que la tradición ha transmitido también con el término de periplos. Algunos de los conservados pueden considerarse, ciertamente, reelaboraciones literarias de periplos en sentido estricto. A esta categoría pertenece con seguridad el atribuido al historiador Polibio por Plinio y, tal vez, el recogido por Pseudo-Scylax. En cualquier caso ambos están muy contaminados por las sucesivas reelaboraciones e interpolaciones que sufrieron hasta que llegaron a Plinio y Pseudo-Scylax respectivamente. Otros, por el contrario, son meras recreaciones imaginarias de viajes o empresas marítimas que nada tienen de histórico, es decir, son ejercicios puramente literarios. En esta categoría incluyo el periplo africano que Herodoto atribuye a la iniciativa del faraón Neco y el de Hanón, conservado en el codex Palatinus graecus 398 de Heidelberg.

Profesor Titular de Historia Antigua (Universidad de La Laguna)

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