El zócalo de la capital de México, el corazón de la ciudad, el áxis mundi de los pueblos del Anáhuac, será hoy el centro de una celebración muy peculiar: observar las estrellas en una conmemoración múltiple con explicaciones, espectáculos y una gran convivencia, que iniciará a partir de las siete de la noche, y durará varias horas.
Cientos de telescopios, de profesionales y aficionados, apuntarán al cielo en esta peculiar celebración en una gran convivencia, absolutamente gratuita, donde habrá conferencias, espectáculos teatrales y toda la parafernalia que se prolongará hasta la madrugada.
Hace 400 años (1609), Galileo Galilei -con el uso de un telescopio- apuntó hacia el espacio para redescubrir sus secretos; esa es la razón por la cual la UNESCO ha declarado a 2009 el Año Internacional de la Astronomía y en México, cuyas culturas ancestrales basaron sus conocimientos en la observación de las estrellas, inician estas celebraciones en más de 20 sitios arqueológicos e históricos, además del Zócalo y el Templo Mayor, en una fiesta cuyas invitadas principales son las estrellas.
Desde hace años se ha iniciado el estudio puntual de los sitios precolombinos, según señala el Dr. Stanislaw Iwaniszewski, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el estudio, análisis , mapeo y relación de los llamados "senderos arqueoastronómicos", que son sitios denominados Patrimonio de la Humanidad porque tienen valor astronómico y arqueológico.
Hoy culmina el proyecto "La Noche de las Estrellas 2009. El Cielo de Nuestros Antepasados" ,en el que han trabajado científicos y estudiosos de Francia y México junto con el INAH, que en este año celebra también su 70o aniversario.
Está organizado por la UNAM (Instituto de Investigación Astronómica), la Embajada de Francia en México y el Instituto Politécnico Nacional (el Planetario Luis Enrique Erro), junto con el Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal (ICyTDF), así como el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), además de las asociaciones de astrónomos aficionados y profesionales de todo el país, y desde luego la Federación de Alianzas Francesas y hasta una compañía de teatro franco-mexicana denominada "La Biznaga".
Ya hubo un ensayo previo de lo que hoy se llevará a cabo, pues en Xochicalco, Morelos, cientos de arqueólogos, astrónomos y público participaron en esta experiencia astronómica arqueológica, escogiéndose este sitio por ser uno de los que más antecedentes astronómicos tiene.
México tiene 27 sitios en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO y la mayoría son sitios arqueológicos que además tienen elementos astronómicos, comprobándose que las culturas prehispánicas construían ciudades mirando al cielo o, por decirlo de otra manera, hacían el cielo en la tierra con sus edificaciones, cuyo ejemplo es Xochicalco, en donde cada determinado tiempo se reunían los sabios astrónomos de las culturas de Mesoamérica para fijar sus calendarios, como señaló en su momento el arqueólogo Marco Antonio Santos, director de la zona arqueológica.
Esto lleva años planeándose, como señala el Dr. Iwaniszewski, por organizaciones no gubernamentales de varias partes del mundo, principalmente de Europa, y se han elaborado listas de sitios arqueoastrómicos para ser considerados Patrimonio Mundial, reconsiderando a las culturas antiguas y su especial interés por observar el firmamento, estudiándolo y aprovechando sus conocimientos para el bienestar de sus pueblos, registrando los cambios de las estaciones, los ciclos planetarios de Marte, Venus y Júpiter, entre otros, así como sus alineaciones, eclipses para la creación de calendarios muy precisos y además para diseñar sus ciudades. Y regir toda su vida social, civil y política.
Se pretende, como dice el Dr. Stanislaw Iwaniszewski, académico de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) e investigador del Museo Arqueológico Estatal de Varsovia, en Polonia, se encamine a lograr la consideración del Cielo como Patrimonio de la Humanidad.
El zócalo capitalino, a la vera del sitio arqueológico del Templo Mayor de la cultura azteca, es el punto de reunión, el lugar donde los antiguos mexicanos llevaban sus ceremonias en tiempos coincidentes con los eventos astronómicos.
Los otros sitios arqueológicos son Monte Albán (cuyas estelas 12 y 13 tienen las primeras inscripciones referentes al año solar), Teotihuacan (donde la Pirámide del Sol tiene relación con el origen mítico de esta Era, o sea entre el 11 y el 13 de agosto del 3114 a.C., que dicen terminará el 21-22 de diciembre del 2012), además de señalar el paso cenital del sol en el paralelo 15 grados, el 29 y 30 de abril y el 11-13 de agosto, y el comienzo y fin del año agrícola, entre el 11 de febrero y el 29 de octubre).
Palenque, que contiene inscripciones de las conjunciones de los planetas Júpiter, Saturno, Marte y la Luna, así como el nacimiento de sus dioses ancestrales y la primera madre hacia julio del 690 a.C. y muchos datos en el Templo de las Inscripciones, el Palacio y el Grupo de la Cruz.
Mientras que en Chichen-Itzá, donde es de todos conocido que se lleva a cabo el fenómeno del Equinoccio (de primavera y de otoño), así como los alineamientos en El Caracol, del paso cenital del sol, en los mismos equinoccios y los días 29 de abril y el 13 de agosto, mismas fechas que presenta el fenómeno en el Templo del Jaguar, además de las representaciones iconográficas del ciclo de Venus ( 5 de Venus por 8 del sol) en la edificación denominada Templo de Venus y el llamado zodiaco Maya en la edificación de Las Monjas.
En el Tajín, la Pirámide de los Nichos es un modelo astronómico, pues tiene 365 nichos, mientras que en Uxmal el Palacio del Gobernador cuenta con alineamientos dirigidos hacia las posiciones extremas de Venus, tanto al este como al oeste, además de iconografías del zodiaco Maya y las imágenes astronómicas del Cuadrángulo de las Monjas.
Es menos conocido el sitio arqueológico de Paquimé, en Casas Grandes, donde su plataforma está orientada hacia los puntos cardinales en su concepto del espacio cuadrado del universo.
Por supuesto que Xochicalco, con su Templo de la Serpiente Emplumada, cuyas iconografías marcan la reforma calendárica que se llevó a cabo ahí hacia el 700 a.C. y su tubo vertical (una especie de telescopio) que permite observar el cenit solar en los 18 grados de latitud, 43 minutos) y el Juego de Pelota, donde se observa el equinoccio.
Muy recientemente se ha podido casi finalizar el estudio de algunos sitios del Bajío, como la Caña de la Virgen, en el Estado de Guanajuato, así como otro lugar denominado Peralta, donde sus construcciones fueron realizadas con base a la observación del cielo, particularmente en los Solsticios de Verano e Invierno, como ha informado el responsable del sitio de Peralta, el arqueólogo Efraín Cárdenas García, que en el pasado mes de diciembre fue abierto al público, que tiene la peculiaridad de marcar la desviación magnética (declinación) con respecto al polo( 11 grados), lo cual permitió fechar el sitios entre el año 500 y el 600 d.C.
Una aportación interesante es la declaración del estudioso Cárdenas García, al señalar que "la orientación astronómica fue un factor esencial en el trazo de esta ciudad (la denominada Peralta, en el municipio de Abasolo), pero está por estudiarse si existe correspondencia con ciertas constelaciones y algunos astros", en el lugar que tiene una elevación de 2,834 metros sobre el nivel del mar y que tiene como referencia el Cerro de Culiacán.
Otro de los sitios destacados, de los 174 que componen la llamada Tradición del Bajío, con sendas zonas arqueológicas, es la Cañada de la Virgen, que tiene la peculiaridad, al contrario de Teotihuacan o en el Templo Mayor de Tenochtitlan, que el sol entra por el frente de la pirámide, cuyos edificios están emplazados en un meseta que fue rellenada artificialmente para darle una inclinación de 18 grados y tiene un patio hundido.
La directora del proyecto, Gabriela Zepeda García, ha documentado desde hace siete años las entradas y salidas de Venus, el Sol y la Luna en ese sitio, que comparte su arquitectura con el patrón de orientación de Mesoamérica, su simetría hacia las salidas del Sol y la Luna para la realización de ceremonias y rituales, según los datos de la investigadora Rosana Quiroz, como se comprueba con los pasos del Sol y la Luna por el basamento de la piramidal ( complejo A, o casa de los Trece Cielos) y su relación con la veintena, o sea, los 20 días de los 18 meses en que se dividía el calendario prehispánico que aún ahora respetan los otomíes-hñahñu, que pueblan esta zona.
Esta es sólo una muestra de lo que la observación del firmamento significaba para los pueblos mesoamericanos antes de la llegada de la conquista española y que poco a poco se va revalorando, su saber por medio de estudios minuciosos y eventos como el que hoy se llevará a cabo en diversas partes del país , inclusive en la Ciudad de México, en La Noche de las Estrellas, para entender como nuestros antepasados procuraban hacer "El cielo en la Tierra".
Tras la ruta del Sol
A base de un conocimiento sistemático, los grupos antiguos que habitaron el noreste de México perfeccionaron esa sabiduría y la plasmaron en los frontones pétreos a lo largo y ancho de las sierras, cerros y lomeríos.
La observación del cielo desde tiempos inmemoriales ha sido para el hombre uno de los principales pasatiempos, de hecho, a lo largo de miles de años, la práctica de mirar el cielo seguramente era para importante de la vida religiosa de los grupos de cazadores recolectores.
Conocer la posición del Sol en los amaneceres y los ocasos permitía a las tribus antiguas conocer las estaciones, la temporada de celo de los venados y la época cuando tenían que abandonar sus campamentos temporales.
A base de un conocimiento sistemático, los grupos antiguos que habitaron el noreste de México perfeccionaron esa sabiduría y la plasmaron en los frontones pétreos a lo largo y ancho de las sierras, cerros y lomeríos.
Sitios como Boca de Potrerillos siguen aportando pistas acerca de su avanzado conocimiento ancestral acumulado a lo largo de miles de años.
Exterminados por los españoles a mediados del siglo XIX, los naturales del norte de México con su extinción de llevaron la mayor parte de sus conocimiento acumulado.
De esto ha quedado muy poco, sin embargo, en las rocas, esperando a ser descubierto, los mensajes ocultos esperan ser descifrados, son la prueba material de que las arcaicas etnias no eran grupos bárbaros como los catalogaron las crónicas españolas de la conquista.
De hecho, los conocedores en la arqueoastronomía como Antony Aveni o William Breen Murray consideran que sapiencia de las altas culturas de Mesoamérica pudo haber nacido en el norte y que luego fue desarrollada en la arquitectura de ciudades como Chichén Itzá, Teotihuacán, Monte Albán entre otros lugares.
Algunos petroglifos, como lo han demostrado los estudios de Murray, son más que puntos y rayas, pues se trata de sistemas calendáricos, que marcaron el paso de los astros en el firmamento o bien calculan eclipses de luna, como es al caso del monolito en Presa de la Mula.
Los antiguos pobladores registraron en piedra figuras como soles, cometas, estrellas, animales; generalmente se hallan orientadas hacia la salida y puesta del astro rey, todo ello con el objetivo de ubicar sus asentamientos siguiendo un patrón de orden con su entorno.
El solsticio de inviernoEl pasado 21 de diciembre, un grupo de personas amantes de la naturaleza y de las experiencias extremas del Club Cóndor de montañismo, acudieron a Boca de Potrerillos para observar la salida del Sol.
De acuerdo a las evidencias en fotografías se pude concluir que esta zona es mega observatorio astronómico, donde no sólo se calculaba el movimiento de la luna, sino el paso del Sol.
Las grandes rocas sirvieron como marcadores, donde los rayos solares, proyectados sobre los grabados, marcaron el paso de las estaciones.
En un punto de la zona de petrograbados, conocido como el promontorio, los antiguos habitantes de Boca de Porterillos colocaron dos grandes rocas juntas divididas por un espacio.
Los integrantes del grupo de extremo se dieron a la tarea de calcular los puntos de la montaña por donde sale el Sol, encontrando que la luz proyectada por los primeros rayos de astro rey recorre el espacio sobre las dos rocas.
“Este hecho no puede ser producto de una casualidad, es muy importante dejar claro que la rocas fueron colocadas en ese lugar con una finalidad, seguramente marcaba las estaciones y por lógica tenía un significado muy importante”, sentenció Rufino Rodríguez, cronista y explorador.
“Marcar las estaciones significaba mucho, principalmente porque su forma de vida se basaba en la caza y la recolección de ahí la importancia de saber cuando era en los periodos idóneos para la cazar venados o bien la época de la abundancia de tuna o mezquites”, comentó Rodríguez.
El paseo del astro reyEn Mina, Nuevo León, hay infinidad de lugares con petrograbados donde se detalla en paso del sol de acuerdo a la época del año.
Boca de Potrerillos se ubica a 70 kilómetros al norponiente de Monterrey, por la carretera a Monclova y se trata de la única zona de petrograbados abierta al público.
El conjunto de miles de motivos rupestres llama la atención a la gente, sin embargo de todo el conjunto de manifestaciones sobresale una enorme roca, tapizada de grabados a la que Breen Murray bautizó como El Monolito Gnomon.
“Esta piedra está labrada y se ilumina de manera diferente según el ángulo de la luz solar a cada hora del día y en cada estación del año.
“Su tamaño de más de media tonelada sugiere que su movimiento y ubicación fue un esfuerzo colectivo que requirió una planeación coordinada, la cual fue un episodio clave en la definición del paisaje cultural del calendario del horizonte”, enfatizó el maestro de la UDEM.
Sitios mágicosLos antiguos pobladores registraron en piedra figuras como soles, cometas, estrellas, animales; generalmente se hallan orientadas hacia la salida y puesta del astro rey, todo ello con el objetivo de ubicar sus asentamientos siguiendo un patrón de orden con su entorno. Miles de estos vestigios se guardan en lugares del noreste como Boca de Potrerillos o Chiquihuitillos en Mina, NL.
Especialistas en arqueoastronomía, como Antony Aveni o William Breen Murray, consideran que la sapiencia de las altas culturas de Mesoamérica pudo haber nacido en el norte y que luego fue desarrollada en la arquitectura de ciudades como Chichén Itzá, Teotihuacán, Monte Albán, entre otras metrópolis.
Para los cazadores recolectores era muy importante conocer el paso del Sol, marcar las estaciones porque su forma de vida se basaba en la caza y la recolección de ahí la importancia de saber cuando era en los periodos idóneos para la cazar venados o bien la época de abundancia de tuna o mezquites.