Según informa la Junta, los trabajos realizados en el monasterio de Uclés a lo largo de los últimos años a través de diferentes campañas arqueológicas han dejado al descubierto restos de muro del monasterio anterior al que puede verse en la actualidad, muros del castillo hispano-musulmán y restos de material cerámico de época celtibérica hasta el siglo XX.
Son algunos de los secretos que esconde el conocido como 'Escorial de la Mancha', un claro ejemplo de la estrecha relación existente entre Arqueología y Arquitectura, y que estos días se debate en el II Ciclo de Conferencias 'Nuestro Patrimonio', organizado por la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura, Turismo y Artesanía en Cuenca.
A través de la ponencia 'Consolidación y restauración del Castillo Nuevo, torre Albarrana y monasterio de Uclés', el arqueólogo Juan José Cano puso de manifiesto la importancia de contar con estudios históricos y documentales, además de lecturas de paramentos previas a los trabajos de los arquitectos, para que las obras de restauración de los edificios se basen en la historia de los mismos y en su desarrollo.
Hace una década que se llevaron a cabo los trabajos de restauración y consolidación en la fachada este y plateresca, mientras que entre los años 2004 y 2005 se hizo "un trabajo más completo" para restaurar el Castillo Nuevo y la puerta de la carrera.
"Salieron restos de un gran muro, que pensamos que era parte de la muralla cristiana o musulmana, y la base de una puerta anterior a la que existe actualmente en la zona de la carrera, datada en el siglo XVIII", explicó Cano.
El monasterio de Uclés forma parte de un gran conjunto de edificaciones construidas durante diferentes periodos de la Historia que tuvieron sus orígenes durante la dominación musulmana, alcanzaron su plenitud como fortificación durante su posesión por parte de la Orden de Santiago, de la que eran su casa más importante, y adquirieron su aspecto actual una vez terminada la Reconquista.
Fue declarado Monumento Nacional en 1931 y de él, sobresalen su claustro del siglo XVII con dos pisos de galerías; la iglesia, que fue diseñada por Francisco de Mora, discípulo de Juan de Herrera, y la portada del Medio Día, de estilo churrigueresco y atribuida a Pedro Rivera.
























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