Las figuras de los tiempos arcaicos retratan las necesidades primarias del grupo, como la alimentación. / El Heraldo de ChihuahuaHace 18 años el Instituto Nacional de Antropología e Historia comenzó el registro de manifestaciones rupestres del estado de Chihuahua, lapso durante el cual se han localizado 120 sitios, de los cuales más de la mitad tienen imágenes y grabados antiguos.
En estos puntos distribuidos en el área central y los desiertos del norte y oriente de la entidad se han hallado más de mil 500 elementos gráfico-rupestres, cuya antigüedad va del arcaico tardío, entre los años 1100 a.C y 100 d.C, hasta la época colonial y algunos del siglo XIX.
En la Cueva de la Monas, uno de los lugares más importantes de Chihuahua, se albergan las pinturas rupestres más grandes que existen en el estado, algunas de las cuales llegan a alcanzar una altura de casi un metro. En tanto que en el sitio de Candelaria se ha encontrado la pintura más pequeña, de menos de 15 centímetros, en la que se observa la representación de un borrego cimarrón.
De acuerdo con los registros del INAH, otros elementos del arte rupestre de Chihuahua que se han encontrado son los grabados y elementos pintados que representan conteos, la observación de las estrellas, así como ciclos estacionales que fueron importantes para la sobrevivencia de los grupos seminómadas que habitaron las llanuras, planicies y serranías de la entidad.
Este conjunto de expresiones dan a conocer la diversidad cultural, además de la organización de los grupos prehistóricos y prehispánicos, y conforman una realidad arqueológica completamente diferente a la mesoamericana, según los estudios de expertos del organismo federal.
Durante los 18 años que se llevan de investigación y registro, paralelamente se ha realizado la interpretación de las imágenes, así como de la identificación de los materiales con que fueron plasmadas.
En general el pigmento de las pinturas proviene del óxido de hierro y en menor medida del carbón, así como de diversas savias de otros vegetales, sin embargo, hasta el momento, lo que no se ha podido conocer es cuáles fueron los componentes químicos o los fijadores que han permitido que estas pinturas se hayan conservado por tantos siglos. Esa duda se convierte en un gran estímulo para los investigadores de la antropología y la historia.
En estos puntos distribuidos en el área central y los desiertos del norte y oriente de la entidad se han hallado más de mil 500 elementos gráfico-rupestres, cuya antigüedad va del arcaico tardío, entre los años 1100 a.C y 100 d.C, hasta la época colonial y algunos del siglo XIX.
En la Cueva de la Monas, uno de los lugares más importantes de Chihuahua, se albergan las pinturas rupestres más grandes que existen en el estado, algunas de las cuales llegan a alcanzar una altura de casi un metro. En tanto que en el sitio de Candelaria se ha encontrado la pintura más pequeña, de menos de 15 centímetros, en la que se observa la representación de un borrego cimarrón.
De acuerdo con los registros del INAH, otros elementos del arte rupestre de Chihuahua que se han encontrado son los grabados y elementos pintados que representan conteos, la observación de las estrellas, así como ciclos estacionales que fueron importantes para la sobrevivencia de los grupos seminómadas que habitaron las llanuras, planicies y serranías de la entidad.
Este conjunto de expresiones dan a conocer la diversidad cultural, además de la organización de los grupos prehistóricos y prehispánicos, y conforman una realidad arqueológica completamente diferente a la mesoamericana, según los estudios de expertos del organismo federal.
Durante los 18 años que se llevan de investigación y registro, paralelamente se ha realizado la interpretación de las imágenes, así como de la identificación de los materiales con que fueron plasmadas.
En general el pigmento de las pinturas proviene del óxido de hierro y en menor medida del carbón, así como de diversas savias de otros vegetales, sin embargo, hasta el momento, lo que no se ha podido conocer es cuáles fueron los componentes químicos o los fijadores que han permitido que estas pinturas se hayan conservado por tantos siglos. Esa duda se convierte en un gran estímulo para los investigadores de la antropología y la historia.
























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