4/3/11

Miles de dientes de caballo respaldan las teorías de Darwin

Uno de 6.500 dientes fósiles de caballos salvajes, que han sido analizados morfologicamente y cuyos resultados confirman la hipótesis Darwin :: Matthew Mihilbachler
Un grupo de científicos han analizado la dentadura de 6.500 fósiles de caballos de 70 especies extintas de América del Norte para entender, a través de la forma, la longitud y el desgaste de sus dientes, cómo estos animales se adaptaron a los cambios climáticos ocurridos en la Tierra desde hace unos 55 millones de años. Las sucesivas etapas provocaron la aparición de distintos tipos de vegetaciones y, como consecuencia, de nuevas dietas a las que los equinos tuvieron que acostumbrarse para sobrevivir. La investigación, publicada en la revista «Science», refuerza las teorías de la selección natural de Darwin.
Los caballos aparecieron en América del Norte hace unos 55 millones de años, pero han evolucionado en cientos de especies diferentes que varían en tamaño desde el de un zorro a otras más grandes que los caballos modernos. Durante mucho tiempo, los paleontólogos han considerado que los cambios evolutivos de los dientes de los caballos fueron causados por la selección natural, debido a las modificaciones en la dieta provocadas por las sucesivas variaciones climáticas y la adaptación a los hábitats. Para probar esta hipótesis, investigadores de EE.UU. y del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) han analizado los fósiles de muelas -las piezas dentales encargadas de masticar- de 6.500 caballos de 222 poblaciones hallados principalmente en las grandes llanuras de Wyoming, Colorado y Dakota del Norte, y que se conservan, en su mayoría, en el Museo Americano de Historia Natural.
El paleontólogo
Florent Rivals, investigador ICREA en el IPHES y uno de los autores del estudio, explica a ABC que hace 55 millones de años América del Norte «era una selva tropical, y los caballos -entonces de un solo dedo- tenían molares muy redondeados, adaptados a comer vegetación blanda y fruta». Pero unos diez o quince millones de años después, la Tierra se enfrió y la selva tropical se convirtió en un bosque templado, donde los caballos se alimentaban de hojas de arbustos y árboles, más difíciles de cortar y masticar. En ese momento, su dentadura «se hizo más compleja, con aristas cortantes y relieves», apunta Rivals.
Hace unos 20 millones de años se produjo otro cambio. «Aparecen los pastizales abiertos y los caballos aprovechan este nuevo recurso, pero las hojas de las gramíneas son muy abrasivas, tienen un gran número de partículas minerales, lo que provoca un fuerte desgaste en los dientes», indica. Entonces, «los dientes se volvieron más altos para hacer frente al desgaste». Rivals aclara que estos cambios en la morfología del diente no son inmediatos. «Cuando aparecieron las grandes praderas los caballos necesitaron un millón de años para adaptarse».
Muerte sin remedio
El estudio se detiene hace unos 10.000, cuando los caballos salvajes desaparecieron de América del Norte junto a otros grandes mamíferos, como los mamuts, en
una famosa extinción cuyas causas todavía no están aclaradas. Los caballos actuales tienen una corona dental más alta, también por los cambios en la alimentación.
Rivals considera que todos estos cambios morfológicos posteriores a las transformaciones del entorno responden a los requisitos de la evolución natural. En efecto, si cuando aparecieron los pastizales sus molares no se hubieran hecho más grandes y resistentes, el animal habría tenido que hacer grandes esfuerzos para cortar y masticar las hojas y podría perder los dientes, lo que le hubiera llevado a una muerte sin remedio. El estudio respalda la idea de
Thomas Huxley, estrecho colaborador de Darwin, que ya utilizó los caballos para defender la teoría de la evolución. Los que sobreviven son los que tienen más capacidad para adaptarse al entorno.

6.500 fósiles de dientes de caballos confirman las teorías de la evolución de Darwin

Los resultados del análisis morfológico de más de 6.500 dientes fósiles de caballos salvajes, que datan en algunos casos de hace 55 millones de años, confirman la hipótesis evolutiva de la selección natural de Darwin y el proceso de adaptación de hábitos alimentarios a nuevos entornos causados por cambios climáticos.
La investigación, que analiza el desgaste de molares fósiles a lo largo de 55 millones de años y en donde se incluyen registros de toda la secuencia evolutiva del diente del caballo, ha sido publicada en Science, y es fruto de la colaboración del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), junto con dos equipos de Estados Unidos.
Los restos dentales de caballos salvajes estudiados se corresponden con 222 poblaciones distintas y grupos de diferentes zonas geográficas, procedentes de las llanuras del oeste de Estados Unidos, en su mayoría, y de más de 70 especies extintas de estos animales.
Fósiles de muelas
Los fósiles de muelas, que son las piezas dentales encargadas de masticar, y cuya morfología y evolución suponen el mejor parámetro para el estudio del tipo de alimentación de un individuo, fueron hallados en Wyoming, Colorado, Dakota del Norte y California, preferentemente, y se conservan en su mayoría, en el Museo Americano de Historia Natural (AMNH, por sus siglas del inglés).
Los últimos caballos salvajes originarios de las llanuras de América del Norte, unos animales que se extinguieron en Estados Unidos hace unos 10.000 años como consecuencia del último período glacial, estaban dotados de una dentadura bastante más redondeada y desgastada en aquella época que la de los equinos actuales.
La pervivencia de poblaciones de caballos en la actualidad se debe a que algunos de aquellos primeros ejemplares surgidos en América del Norte huyeron a otros continentes en busca de mejores condiciones meteorológicas para vivir.
Extinguidos en la última glaciación
"Los fósiles dentales más modernos analizados en este estudio datan de hace 10.000 años, la época más reciente de la que se mantienen restos molares de aquellos primeros caballos salvajes, antes de su extinción, junto con otros grandes animales, como los mamuts, coincidiendo con el último período glacial".
Así lo ha explicado uno de los responsables del estudio, Florent Rivals, investigador ICREA en el IPHES y profesor asociado de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, quien ha añadido que el estudio de los relieves de las cúspides molares aporta grandes claves sobre distintos tipos de alimentación.
Las primeras poblaciones de caballos vivían en la selva tropical con mucho calor y se alimentaban de frutas especialmente, con lo que sus dientes eran afilados y poco desgastados.
Cambio en el clima
Según Rivals, uno de los grandes hitos en la transformación dental equina se produjo hace unos veinte millones de años, tras un marcado cambio climático que hizo proliferar en América del Norte praderas de gramíneas.
Estas plantas, que fueron ganando el terreno en extensión a los grandes árboles y arbustos de épocas anteriores, se caracterizan por contener partículas minerales abrasivas que desgastan y aplanan las puntas de los dientes.
Con anterioridad a esa época, hace unos 40 millones de años, la dentadura equina también sufrió un fuerte desgaste, al cambiar el clima de la zona, y pasarse de la selva tropical a los bosques templados, que dieron paso a una alimentación entre los caballos con frutas y vegetación menos blanda.
Aparte, los investigadores han comprobado que los cambios dentales no son inmediatos sino que tardan al menos un millón de años en afianzarse después de ocurrido un cambio climático, lo que se traduce en unas 100.000 generaciones.

ABC / 20 M

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