26/01/12

Hallan entierro prehispánico en Querétaro (México)

La investigación formó parte del proyecto de salvamento arqueológico durante la construcción de un poliducto :: INAH
Se trata del cuerpo de un hombre de aproximadamente 20 años de edad :: Juan José Arreola
La osamenta de una joven entre 17 y 20 años fue encontrada por expertos del INAH, acompañada de una vasija, herramientas de hueso y fragmentos de pigmento
Los restos hallados en las periferias de la zona arqueológica tienen una antigüedad de 1,450 años y se acompañan de diversas ofrendas

Un entierro de la época prehispánica de un joven entre 17 y 20 años de edad en el municipio de Peñamiller fue dado a conocer por el Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En conferencia de prensa, el director del Centro INAH, Manuel Naredo, el físico Israel Lara y la antropóloga Fiorella Fenoglio, anunciaron el que consideraron uno de los hallazgos más importantes de los últimos años.
A partir de una denuncia presentada ante el Ministerio Público en diciembre pasado sobre el hallazgo de una estructura ósea en un ejido de Peña Blanca, Fenglio y el arqueólogo Juan carlos Saint-Charles, realizaron el rescate antropológico.
El depósito funerario se compone de un esqueleto juvenil, una vasija, herramientas de hueso y fragmentos de pigmento, que quedaron al descubierto luego de un deslave provocado por escurrimientos de agua en la zona.
El lugar en el que se encontraron los restos es parte de la región semidesértica del estado, rodeado de lomas y cárcavas típicas de la zona.
De acuerdo con los antropólogos, el lugar del depósito es extraordinario, ya que se colocó la mitad del perfil de un arroyo, para lo que se debió excavar una cavidad preparada con bloques de piedra, bajo los que se depositó al individuo.
Una parte del depósito fue arrastrado por el deslave y el agua del arroyo, pero constituye una "fuente invaluable para el estudio de poblaciones prehispánicas de la zona".
Entre el 80 y 90 por ciento del esqueleto puede recuperarse, porque lo demás está en riesgo de resquebrajarse y se espera que contribuya al estudio en la entidad.
Sobre todo, pidieron fomentar la denuncia ciudadana, toda vez que el año anterior se recibieron 12 denuncias que permitieron hallar entre 27 y 28 esqueletos prehispánicos en la entidad.

Hallan 33 entierros prehispánicos en Teotihuacan


En la periferia de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) registraron el hallazgo de 33 entierros humanos con sus ofrendas de más de 1,450 años de antigüedad, la mitad de los cuales se ha inferido corresponde a población que era de clase media.
El descubrimiento se dio a 2 km de la Ciudadela del sitio prehispánico, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras de las que se tenía conocimiento desde 1973, en el Plano Arqueológico y Topográfico de la Antigua Ciudad de Teotihuacan, hecho por el arqueólogo norteamericano René Millón. La detección de la treintena de entierros como de los restos arquitectónicos, permite profundizar en las características de la organización social y urbana que tuvo la antigua metrópoli, así como de sus costumbres funerarias.
"A partir de las excavaciones e investigaciones hechas, se determinó que las cinco estructuras fueron de uso doméstico, y que una de ellas, denominada Edificio 8 fue el área residencial de la clase media según las características arquitectónicas que presenta, como la disposición de cuartos alrededor de un espacio abierto y patios destinados al culto doméstico, además de espejos de agua y sistemas de drenaje", explicó el arqueólogo Gonzalo Morales Hernández, responsable de los trabajos en el sitio.
Las unidades arquitectónicas, que fueron denominadas como estructuras 10, 8, 2, 21 y 6Sa, se localizan en los ejidos de San Francisco Mazapa, Santa María Coatlán, San Sebastián Xolalpan y San Lorenzo Tlamimilolpa, pertenecientes al municipio de Teotihuacan de Arista, Estado de México. Los detalles de esta investigación fueron expuestos por el especialista en la V Mesa Redonda de Teotihuacan, efectuada en noviembre pasado.
De la treintena de entierros hallados -cuyas ofrendas en conjunto suman más de dos mil objetos líticos y 31 mil fragmentos de cerámica- destaca el del Edificio 8, donde se descubrieron 15 con restos óseos de mujeres, niños y neonatos que aún son analizados, así como objetos de tipo ceremonial, entre ellos un vaso esgrafiado lustroso del Golfo de México que datan de 225 a 550 d.C.
Este punto, dijo Morales Hernández, se considera era un área residencial teotihuacana ocupada por gente de clase media, dado que las características arquitectónicas de los que fueron las viviendas son parecidas a las que se han hallado en otros contextos de la antigua urbe, relativas a dicho estrato social: cuartos alrededor de un espacio abierto y patios para el culto doméstico.
"En lo que llamamos el Edificio o Estructura 8 se hallaron los vestigios de cinco cuartos, tres patios, un pórtico, dos sistemas de canales y un muro perimetral, así como restos de pintura roja en pisos estucados, además de espejos de agua (pequeños patios hundidos que se llenaban de agua) y sistemas de drenaje".
El arqueólogo Gonzalo Morales Hernández abundó que otro de los entierros que destaca es el hallado en la llamada Estructura 10, donde había cuatro depósitos funerarios con sus respectivas ofrendas, integradas por figurillas y vasijas cerámicas, un asta de venado y un fragmento de hueso de animal trabajado como aguja.
"Uno de los entierros era múltiple, es decir, estaba integrado por restos óseos de cinco individuos: una mujer que al morir tenía entre 25 y 30 años de edad, y cuatro niños de entre 4 y 10 años de edad, cuyas osamentas presentan deformación craneal y desgaste dentario; en los tres depósitos funerarios restantes se descubrieron los restos de dos mujeres que al fallecer tenían entre 30 y 35 años de edad, y una osamenta incompleta de un neonato, quizá de un año".
La estructura donde se encontraron estos entierros, sobresale porque tiene un altar tipo talud-tablero al centro de una plaza dispuesta al oeste, tres cuartos, dos patios y una serie de pasillos hechos en piedras de basalto y tezontle unidas con lodo y recubiertas con aplanado de gravilla o en algunos casos con acabado de estuco. Según el material asociado, comentó el arqueólogo del INAH, se ha determinaron que la unidad habitacional corresponde a los periodos Tlamimilolpa Tardío y Xolalpan Tardío (250-550 d.C.).
Por otra parte, la exploración hecha en la unidad arquitectónica 21 arrojó el hallazgo de un entierro que contenía los restos óseos de un infante de menos de un año de edad; a sus pies estaban fragmentos "matados" -es decir, que fue roto de manera intencional- de un incensario de la fase Xolalpan (350-550 d.C.) a manera de ofrenda.
"La intervención arqueológica en dicha estructura permitió detectar un muro conformado por bloques de adobe y tepetate recubiertos con aplanado (que establece el límite oeste), y se localizaron los costados norte y este de una plaza".
En tanto, que en las estructuras 2 y 6Sa se localizaron los desplantes y algunos muros de adobe y tepetate que formaban cuartos habitacionales, así como 13 entierros y diversas ofrendas que aún son analizadas. Los restos arquitectónicos corresponden a las fases Tlamimilolpa Tardío a Xolalpa Tardío (250-550 d.C.).
En lo que respecta a los vestigios de objetos líticos y cerámicos que conformaban las ofrendas de los entierros, el arqueólogo Gonzalo Morales señaló que de acuerdo con los estudios realizados, 90.5% de los 31 mil 307 tiestos cerámicos corresponde a las fases Tlamimilolpan y Xolalpan.
Mientras que de los más de dos mil objetos líticos descubiertos, principalmente navajillas prismáticas, 63% corresponde a obsidiana verde-dorada procedente de un área de Pachuca, y 36% a fragmentos de obsidiana gris originaria de Otumba.
La investigación formó parte del proyecto de salvamento arqueológico durante la construcción de un poliducto; los estudios abarcaron recorrido de superficie, pozos estratigráficos, calas de aproximación, excavación extensiva y análisis antropológicos y de materiales arqueológicos.
Finalmente, Gonzalo Morales comentó que los materiales arqueológicos recuperados están bajo resguardo en los laboratorios de salvamento arqueológico de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, donde algunos aún son analizados; mientras que los vestigios de las edificaciones halladas, fueron consolidados, restaurados y enterrados nuevamente a fin de asegurar su conservación.

Entierros Teotihuacanos Revelan Clases Sociales

*** Más de 30 entierros humanos de 1,450 años de antigüedad, indican que en la periferia de la Ciudad de los Dioses vivía la clase media

*** El descubrimiento se dio en 2011 a 2 km de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras prehispánicas detectadas en 1973

En la periferia de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) registraron el hallazgo de 33 entierros humanos con sus ofrendas de más de 1,450 años de antigüedad, la mitad de los cuales se ha inferido corresponde a población que era de clase media.
El descubrimiento se dio a 2 km de la Ciudadela del sitio prehispánico, durante los trabajos de exploración de cinco estructuras de las que se tenía conocimiento desde 1973, en el Plano Arqueológico y Topográfico de la Antigua Ciudad de Teotihuacan, hecho por el arqueólogo norteamericano René Millón. La detección de la treintena de entierros como de los restos arquitectónicos, permite profundizar en las características de la organización social y urbana que tuvo la antigua metrópoli, así como de sus costumbres funerarias.
"A partir de las excavaciones e investigaciones hechas, se determinó que las cinco estructuras fueron de uso doméstico, y que una de ellas, denominada Edificio 8 fungió como área residencial de la clase media según las características arquitectónicas que presenta, como la disposición de cuartos alrededor de un espacio abierto y patios destinados al culto doméstico, además de espejos de agua y sistemas de drenaje", explicó el arqueólogo Gonzalo Morales Hernández, responsable de los trabajos en el sitio.
Las unidades arquitectónicas, que fueron denominadas como estructuras 10, 8, 2, 21 y 6Sa, se localizan en los ejidos de San Francisco Mazapa, Santa María Coatlán, San Sebastián Xolalpan y San Lorenzo Tlamimilolpa, pertenecientes al municipio de Teotihuacan de Arista, Estado de México. Los detalles de esta investigación fueron expuestos por el especialista en la V Mesa Redonda de Teotihuacan, efectuada en noviembre pasado.
De la treintena de entierros hallados —cuyas ofrendas en conjunto suman más de dos mil objetos líticos y 31 mil fragmentos de cerámica— destaca el del Edificio 8, donde se descubrieron 15 con restos óseos de mujeres, niños y neonatos que aún son analizados, así como objetos de tipo ceremonial, entre ellos un vaso esgrafiado lustroso del Golfo de México que datan de 225 a 550 d.C.
Este punto, dijo Morales Hernández, se considera era un área residencial teotihuacana ocupada por gente de clase media, dado que las características arquitectónicas de los que fueron las viviendas son parecidas a las que se han hallado en otros contextos de la antigua urbe, relativas a dicho estrato social: cuartos alrededor de un espacio abierto y patios para el culto doméstico.
"En lo que llamamos el Edificio o Estructura 8 se hallaron los vestigios de cinco cuartos, tres patios, un pórtico, dos sistemas de canales y un muro perimetral, así como restos de pintura roja en pisos estucados, además de espejos de agua (pequeños patios hundidos que se llenaban de agua) y sistemas de drenaje".
El arqueólogo Gonzalo Morales Hernández abundó que otro de los entierros que destaca es el hallado en la llamada Estructura 10, donde había cuatro depósitos funerarios con sus respectivas ofrendas, integradas por figurillas y vasijas cerámicas, un asta de venado y un fragmento de hueso de animal trabajado como aguja.
"Uno de los entierros era múltiple, es decir, estaba integrado por restos óseos de cinco individuos: una mujer que al morir tenía entre 25 y 30 años de edad, y cuatro niños de entre 4 y 10 años de edad, cuyas osamentas presentan deformación craneal y desgaste dentario; en los tres depósitos funerarios restantes se descubrieron los restos de dos mujeres que al fallecer tenían entre 30 y 35 años de edad, y una osamenta incompleta de un neonato, quizá de un año".
La estructura donde se encontraron estos entierros, sobresale porque tiene un altar tipo talud-tablero al centro de una plaza dispuesta al oeste, tres cuartos, dos patios y una serie de pasillos hechos en piedras de basalto y tezontle unidas con lodo y recubiertas con aplanado de gravilla o en algunos casos con acabado de estuco. Según el material asociado, comentó el arqueólogo del INAH, se ha determinaron que la unidad habitacional corresponde a los periodos Tlamimilolpa Tardío y Xolalpan Tardío (250-550 d.C.).
Por otra parte, la exploración hecha en la unidad arquitectónica 21 arrojó el hallazgo de un entierro que contenía los restos óseos de un infante de menos de un año de edad; a sus pies estaban fragmentos "matados" —es decir, que fue roto de manera intencional— de un incensario de la fase Xolalpan (350-550 d.C.) a manera de ofrenda.
"La intervención arqueológica en dicha estructura permitió detectar un muro conformado por bloques de adobe y tepetate recubiertos con aplanado (que establece el límite oeste), y se localizaron los costados norte y este de una plaza".
En tanto, que en las estructuras 2 y 6Sa se localizaron los desplantes y algunos muros de adobe y tepetate que formaban cuartos habitacionales, así como 13 entierros y diversas ofrendas que aún son analizadas. Los restos arquitectónicos corresponden a las fases Tlamimilolpa Tardío a Xolalpa Tardío (250-550 d.C.).
En lo que respecta a los vestigios de objetos líticos y cerámicos que conformaban las ofrendas de los entierros, el arqueólogo Gonzalo Morales señaló que de acuerdo con los estudios realizados, 90.5% de los 31 mil 307 tiestos cerámicos corresponde a las fases Tlamimilolpan y Xolalpan.
Mientras que de los más de dos mil objetos líticos descubiertos, principalmente navajillas prismáticas, 63% corresponde a obsidiana verde-dorada procedente de un área de Pachuca, y 36% a fragmentos de obsidiana gris originaria de Otumba.
La investigación formó parte del proyecto de salvamento arqueológico durante la construcción de un poliducto; los estudios abarcaron recorrido de superficie, pozos estratigráficos, calas de aproximación, excavación extensiva y análisis antropológicos y de materiales arqueológicos.
Finalmente, Gonzalo Morales comentó que los materiales arqueológicos recuperados están bajo resguardo en los laboratorios de salvamento arqueológico de la Zona Arqueológica de Teotihuacan, donde algunos aún son analizados; mientras que los vestigios de las edificaciones halladas, fueron consolidados, restaurados y enterrados nuevamente a fin de asegurar su conservación.

El reciente hallazgo de tumbas en Querétaro impulsa la investigación sobre los rituales funerarios en México


Los análisis efectuados de los restos localizados en el semidesierto indican que podría tratarse de un sistema funerario prehispánico no registrado hasta ahora por los especialistas en arqueología, según informa el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

Análisis preliminares de una tumba de la época prehispánica que recientemente fue descubierta en el semidesierto de Querétaro, en el municipio de Peñamiller, advierten que podría tratarse del descubrimiento de un sistema funerario no registrado hasta ahora por la arqueología, cuyas características particulares remiten a grupos sedentarios de la Gran Chichimeca que convivieron con pueblos prehispánicos de Mesoamérica.
La arqueóloga Fiorella Fenoglio, responsable de la excavación, explica que el depósito funerario tiene características que no corresponden a ningún tipo de enterramiento mesoamericano conocido, aunque es similar a otro entierro localizado hace seis años a ocho kilómetros de ese lugar, lo que hace pensar en un patrón de entierros prehispánicos inédito; pero advierte que se necesitan más excavaciones para verificar si existen más sepulturas iguales y poder asegurar que se trata de una práctica común de un grupo cultural.
La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) comenta que la tumba hallada el pasado mes de diciembre corresponde a un joven que al morir tenía entre 15 y 18 años, sepultado con la mitad de una olla y de un huilanche (roca utilizada como metate) tapándole la cabeza y acompañado de cuatro herramientas elaboradas en hueso, al parecer dos punzones y dos pulidores para cerámica o estuco. "Sobre los dos objetos que parecen ser punzones se encontraron cientos de fragmentos de un material orgánico que podría ser papel o piel con pigmentos rojo, rosa, verde, blanco y amarillo, que indican haber estado plasmados con cierta combinación".
Fenoglio explica que los materiales que acompañaban al personaje son propios de culturas sedentarias, no obstante que en la región, los entierros descubiertos por la arqueología pertenecen a grupos nómadas de cazadores recolectores, quienes habitaron en el semidesierto queretano desde tiempos más remotos.
Especie de cueva
Asimismo, destaca que esta sepultura es extraordinaria no sólo por los materiales que contenía, sino por el sistema funerario aplicado: "Al parecer, quienes enterraron al joven aprovecharon una cavidad natural de la loma, la excavaron más profunda, calculamos un metro, de manera horizontal y colocaron bloques de piedra para formar una especie de cueva, donde depositaron al fallecido junto con los objetos.
"Luego taparon el espacio; el tapiaje no lo encontramos porque el entierro quedó al descubierto en el perfil de la loma, como consecuencia de los deslaves y el escurrimiento de agua de lluvia, pero quedan señales en la estratigrafía (capas de tierra)".
Respecto al origen cultural del entierro, la arqueóloga del INAH tiene dos hipótesis: una es que pertenezca a un "grupo intermedio", es decir, seminómadas con tradiciones de características de Mesoamérica. "Entre 900 y 1100 después de Cristo, los grupos mesoamericanos convivieron con los cazadores-recolectores de la Gran Chichimeca, producto de las modificaciones de la frontera entre ambos territorios".
La segunda hipótesis formulada es que se trate de alguno de los grupos prehispánicos que habitaron en esa región entre 500 a.C. y 900 d.C., como teotihuacanos o chupícuaros o bien un pochteca (comerciante) que murió en el camino y se enterró en este lugar. "También podría ser miembro de otro grupo sedentario que habitaba esta zona y que acostumbraba enterrar a sus muertos ahí, el cual tendríamos que identificar".
El Universal / INAH / CLP

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